Cuando el público vea “A domicilio” probablemente observará una historia sobre la vida, la muerte y las decisiones que marcan a las personas. Verá a un veterinario enfrentado a una petición inesperada, diálogos cargados de tensión emocional y las actuaciones de Samuel González y Pablo Schwartz. Lo que difícilmente verá son las semanas organizando bingos, las conversaciones buscando auspiciadores, las reuniones para conseguir una locación o las horas destinadas a resolver problemas que no aparecen en ningún guion.
Sin embargo, esa historia paralela también forma parte de la película.
A domicilio es uno de los cinco cortometrajes de egreso que actualmente desarrolla la generación 2026 de la Escuela de Creación Audiovisual de la Universidad Austral de Chile. Como toda obra cinematográfica, nace de una inquietud artística. Pero también de algo menos visible: la capacidad de un grupo de estudiantes para transformar una idea en una producción real.
La historia comenzó hace aproximadamente dos años, cuando Eduardo Sáez empezó a trabajar una premisa que terminaría convirtiéndose en su proyecto de título. Desde el principio le interesaba explorar una dimensión masculina que rara vez ocupa un lugar central en la pantalla.
“Me gusta explorar la masculinidad y ver cómo esas cosas que generalmente no se muestran, como la vulnerabilidad y el cuidado, también forman parte de los hombres”, explica.
Ese interés fue tomando forma hasta convertirse en la historia de Reinaldo, un veterinario que acude a una atención a domicilio solicitada por Antonio, un antiguo cliente. Lo que parece una visita rutinaria se transforma rápidamente en una situación inesperada cuando Antonio le plantea una petición que desafía los límites de su profesión: acceder a la eutanasia, pero no para una mascota, sino para sí mismo.
Esa profundidad temática fue precisamente lo que llamó la atención de Pablo Schwartz cuando recibió la invitación para participar.
“A mí me da lo mismo si es Santiago, el sur o cualquier otro lugar. Lo que me mueve son los guiones”, afirma el actor. “Lo que me pareció atractivo es que habla de humanidad profunda en un tiempo que vivimos muy inhumano. Cuando un guion se atreve a abordar un tema como el derecho a la muerte de una manera humana y abierta, creo que vale la pena hacerlo”.
Su incorporación fue posible gracias a una cadena de vínculos que refleja otra característica del cine: su dimensión profundamente colectiva. Samuel González, quien interpreta a Reinaldo, había trabajado anteriormente con Schwartz y fue quien ayudó a acercar al actor al proyecto.
“Cuando Eduardo empezó a hablarme del personaje, todo el tiempo se me venía la imagen de Pablo. Al principio parecía difícil, pero buscamos la forma de contactarlo y se interesó de inmediato”, recuerda.
La escuela detrás de la película
En la Escuela de Creación Audiovisual UACh, los proyectos de egreso funcionan como una síntesis de todo el proceso formativo. No basta con escribir una buena historia o dirigir correctamente una escena. Los estudiantes deben aprender a gestionar recursos, coordinar equipos, planificar rodajes, resolver imprevistos y construir redes de colaboración. En otras palabras, deben aprender a hacer cine.
La experiencia se parece mucho más a una producción profesional que a un ejercicio académico. Cada decisión tiene consecuencias concretas y cada obstáculo obliga a encontrar soluciones reales.
Por eso la palabra autogestión aparece constantemente en las conversaciones del equipo.
“Un cortometraje profesional puede costar entre 30 y 50 millones de pesos. Nosotros trabajamos con presupuestos cercanos a los dos o tres millones porque se reducen costos, se consiguen apoyos y se hace mucha autogestión”, explica Sáez.
La diferencia económica obliga a desplegar creatividad fuera de la pantalla. Bingos, completadas, auspicios, canjes y colaboraciones permiten reunir recursos para avanzar en las etapas de preproducción y rodaje. Lo que falta en financiamiento suele compensarse con organización, redes y compromiso colectivo.
Detrás de “A domicilio” participan Sebastián Leiva en producción, Roberto Pastén en dirección de arte y Catherine Yáñez como asistente de dirección, junto a una veintena de estudiantes y egresados que asume responsabilidades similares a las que encontrarán más adelante en la industria audiovisual.
Aprender un oficio
Quizás esa sea una de las enseñanzas más importantes que dejan estos proyectos. Mientras el resultado final será un cortometraje, el verdadero aprendizaje ocurre durante el proceso.
Cada reunión, cada problema resuelto y cada jornada de rodaje forman parte de una experiencia donde la creación artística se mezcla con la gestión cultural, el trabajo colaborativo y la construcción de comunidad.
Por eso, cuando “A domicilio” llegue finalmente a la pantalla, no solo mostrará una historia sobre dos hombres enfrentados a una decisión imposible. También reflejará el esfuerzo de una generación que está aprendiendo a construir cine desde el sur de Chile, entendiendo que las películas no nacen únicamente de la inspiración. Nacen, sobre todo, del trabajo colectivo que permite que una idea encuentre la forma de existir.