El reciente terremoto registrado en Venezuela volvió a poner en evidencia la intensa actividad sísmica que caracteriza a diversas regiones del mundo y la importancia de estudiar el comportamiento de las réplicas o aftershocks para comprender cómo evoluciona un evento de gran magnitud.
Al respecto, el académico de la Facultad de Ciencias de la Universidad Austral de Chile, Dr. Daniel Melnick, aseguró que «se espera que sigan habiendo aftershocks por meses en Venezuela. La cantidad y la duración es normalmente proporcional a la magnitud del evento principal. Por ejemplo, el 27 F acá en Chile en el 2010 tuvo una magnitud de 8.8 -en la escala Richter-, con aftershocks que duraron entre 4 a 5 años».
Cuando ocurre un evento de magnitud 7 «se espera que duren los aftershocks varios meses y hasta un año», explicó.
Según indicó, «Venezuela ha sufrido muchas réplicas o aftershocks, y la la red sísmica que tienen ellos es bastante densa y las han localizado hacia el este de la zona de ruptura, frente al mar Caribe. El problema es que pueden generar mucha destrucción de edificios que ya están dañados por el evento principal».
Aftershocks (réplicas)
Sobre las réplicas, comentó que «en general a mí no me gusta mucho el término, porque replicar algo significa duplicarlo, que es exactamente igual y nunca son iguales al evento principal. Siempre tienen magnitudes menores y tanto la magnitud de las réplicas o aftershocks como el número de réplicas en el tiempo decae exponencialmente, siguiendo lo que se llama la Ley de Omori, que fue un japonés que descubrió esta esta relación a fines del siglo XIX».
El investigador sostuvo que las réplicas o aftershocks son una parte natural del proceso de reajuste de la corteza terrestre tras un terremoto y constituyen una valiosa fuente de información para identificar el comportamiento de zonas de alto movimiento sísmico y evaluar los niveles de peligro asociados.
Cabe destacar que el análisis de las réplicas o aftershocks permite a la comunidad científica comprender cómo se redistribuyen los esfuerzos en las fallas geológicas después de un sismo principal, información que resulta fundamental para mejorar los modelos de amenaza sísmica y fortalecer la preparación de las comunidades frente a futuros eventos.