La iniciativa nació desde la Coordinación Clínica del CECOSF, donde se invitó a la terapeuta ocupacional Valeria Barría, diplomada en Arteterapia, a explorar la posibilidad de desarrollar una intervención artística junto a los grupos con los que se trabaja.
La profesional identificó que el taller de adolescentes —en pleno proceso de exploración identitaria, búsqueda de nuevos lenguajes expresivos y con una energía creativa propia de la etapa— era el espacio ideal para llevar adelante esta idea. Cuando se presentó la propuesta al grupo, la respuesta fue positiva de inmediato.
“El diseño del mural surgió de un proceso profundo de autoconocimiento que los adolescentes venían desarrollando en el taller. Temas como identidad, autoconcepto, desafíos y fortalezas fueron integrados con lineamientos de arteterapia. Para favorecer una expresión espontánea y libre de presiones, se realizó inicialmente una sesión creativa sin mencionar que ese material serviría para el mural. Durante esa instancia trabajaron con: Imágenes evocadoras, palabras y conceptos personales, referencias musicales significativas y la pregunta simbólica: si tuvieras que tatuarte algo que te represente, ¿qué sería?”, explicó Lorena Gallardo Coordinadora del CECOSF Mulato.
A partir de ese material, el grupo fusionó ideas y con apoyo de herramientas de inteligencia artificial, se dio forma al boceto definitivo. Además, se incorporaron aportes de adolescentes que no pudieron asistir a trabajar al mural de manera presencial, pero que participaron enviando bocetos y opiniones por WhatsApp, asegurando que todas las voces estuvieran presentes.
Una obra creada en comunidad
El mural fue pintado por las y los adolescentes del taller, con la colaboración del artista visual, José Cañete, encargado de entregar guía técnica y acompañamiento estético.
Por otro lado, las y los estudiantes en práctica de Terapia Ocupacional, facilitaron la organización, contención emocional y desarrollo creativo durante el proceso, para sostener una experiencia genuinamente colaborativa, donde cada participante aportara con su estilo, su historia y su forma de habitar el arte.
La ejecución del mural se llevó a cabo en dos semanas, siendo la culminación de un proceso que duró tres meses a partir de la exploración previa, con una sesión inicial para la creación de bocetos y dos jornadas intensivas de pintado, de alrededor de tres horas, las que estuvieron marcadas por un ambiente de humor, música, conversación y apoyo mutuo, transformando la experiencia en un acto de comunidad, identidad y bienestar emocional.
“El mural no solo embellece un espacio del CECOSF. Representa la voz colectiva de un grupo de jóvenes que encontró en el arte un lugar de pertenencia, expresión y construcción conjunta. Que promueve identidad, expresión y bienestar comunitario”, agregó la académica Gallardo.



