“Llegué a Valdivia y al Instituto de Bioquímica de la Universidad Austral de Chile para realizar mi tesis de pregrado con el Dr. Luis Burzio, y finalmente me quedé en el Instituto durante muchos años”, recuerda Ana María von Chrismar Parejo, bioquímica de la Universidad de Chile, quien desarrolló gran parte de su trayectoria académica en la UACh.
Durante sus años en la Universidad, se desempeñó como docente de estudiantes de Bioquímica, Tecnología Médica, Química y Farmacia, Medicina Veterinaria y Medicina. Asimismo, formó parte del equipo impulsor de la Escuela de Talentos ALTA-UACh, integró el Consejo de Escuela de Tecnología Médica y participó en el Departamento de Extensión Científico-Académico.
Paralelamente formó parte del Departamento de Aseguramiento de la Calidad e Innovación Curricular (DACIC), donde participó en la implementación de plataformas como SIVEDUC y en formación docente vinculadas al uso de tecnologías y la innovación educativa.
Su interés por la educación también la llevó a cursar un magíster en Educación y Entornos Virtuales ofrecido por la UACh, experiencia que fortaleció su interés por explorar nuevas herramientas y metodologías para la enseñanza.
Actualmente, es presidenta de la Asociación Gremial de Ex Académicos de la Universidad Austral de Chile, señala que “es una responsabilidad que valoro mucho, porque permite mantener vivo el vínculo con una institución de la que muchos seguimos sintiéndonos parte y a la que podemos continuar aportando desde nuestra experiencia y trayectoria”, enfatiza.
El valor de la función docente
“Desde lo que me tocó vivir como docente, siempre destaqué la posibilidad que ofrece la Universidad, con su respaldo, de innovar, crear y buscar nuevas formas de despertar el interés de los estudiantes. Cuando se asume ese desafío con entusiasmo, se pueden hacer cosas muy interesantes. Tuve la oportunidad de conocer a muchos docentes que también desarrollaron esa inquietud, transmitiendo entusiasmo y motivación a sus estudiantes”, explica Ana M. von Chrismar.
“Creo, además, que cada académico encuentra su propia manera de aportar a la Universidad. Algunos tienen una mayor vocación por la docencia y otros desarrollan principalmente su trabajo en investigación. Sin embargo, existe una gran oportunidad para acercar más ambos mundos, especialmente en el pregrado, de manera que los estudiantes puedan beneficiarse de la experiencia, el conocimiento y las preguntas que surgen de la investigación”, sostiene.
“Para mí, la función docente tiene un enorme potencial: no se trata solamente de transmitir conocimientos, sino de despertar curiosidad, abrir posibilidades y entusiasmar a los estudiantes con el aprendizaje”, subraya.
En esta misma línea, destaca que uno de los principales roles de quienes ejercen la docencia universitaria es motivar a sus estudiantes: “Uno de los principales roles de un académico o académica es motivar a los estudiantes a aprender. Más que limitarse a entregar contenidos, debemos ser capaces de hacer que el conocimiento resulte interesante, significativo y conectado con la realidad. Más que enseñar respuestas, creo que es importante enseñar a hacerse preguntas, despertar la curiosidad y estimular el pensamiento crítico”, plantea.
Para la ex académica, esta tarea implica también asumir que la Universidad no solo forma profesionales, sino también personas: “Tenemos que recordar que estamos formando personas. Nuestras actitudes y la forma en que entregamos los conocimientos también son parte de esa formación. A veces, pequeños gestos, como una mirada o una palabra de confianza, pueden ayudar a que un estudiante reconozca y potencie sus propias capacidades”, expresa.
Los nuevos desafíos de la academia
“Desde hace ya un tiempo está claro que los estudiantes que recibimos han cambiado. Uno de los desafíos cada vez mayores es motivarlos y ayudarlos a no caer en la comodidad que pueden ofrecer las herramientas tecnológicas, que facilitan cada día más diversas actividades, tanto para los estudiantes como para los propios profesores en la preparación de clases, la revisión de trabajos y las evaluaciones”, señala.
En este escenario, considera que la academia debe preguntarse nuevamente por el sentido de la docencia y por aquello que la Universidad puede aportar en un mundo donde el acceso a la información es prácticamente inmediato.
“Creo que uno de los principales desafíos que enfrenta actualmente la academia es redefinir el sentido de la docencia, en un escenario en que el acceso a la información y a las respuestas ya no es exclusivo de la Universidad”, afirma.
Para Ana María, la clave está en evitar que la tecnología reemplace el proceso intelectual que debe acompañar al aprendizaje: “El desafío está en lograr que la inteligencia artificial sea un apoyo para aprender y no un sustituto del esfuerzo intelectual. En definitiva, debemos enseñar a los estudiantes no solo a encontrar respuestas, sino, sobre todo, a hacerse buenas preguntas y a pensar críticamente frente a las respuestas que reciben”.
Un mensaje en el 72.º aniversario de la UACh
En el marco del aniversario de la Universidad Austral de Chile, Ana María invita a la comunidad universitaria a reconocer el valor de la institución, pero también a asumir con responsabilidad el desafío de contribuir a la sociedad.
En este sentido, hace un llamado a poner las capacidades y conocimientos individuales al servicio de un propósito colectivo: “Seamos generosos con las capacidades, los conocimientos y la experiencia que cada uno ha adquirido a lo largo de su vida. La Universidad no debería tener como único propósito formar profesionales competitivos, sino, por sobre todo, formar personas capaces de poner sus conocimientos al servicio de los demás y de construir una sociedad mejor”, sostiene.
“Usemos todas las herramientas que hoy tenemos a nuestro alcance, incluida la tecnología, para potenciar aquello que cada persona tiene de único. Ayudemos a que los estudiantes descubran y desarrollen sus propias capacidades, su creatividad, su criterio y su compromiso con los demás”, plantea.
“Porque, finalmente, creo que ese es el verdadero sentido de una Universidad: potenciar a cada persona en su individualidad para que, desde sus propias capacidades, pueda contribuir a construir un mundo mejor”, concluye.