Chile se mira al espejo y se define, con razón, como un país oceánico. Pero esa definición no puede quedarse en un eslogan. Un país oceánico es, ante todo, un país que toma decisiones públicas sobre el mar con evidencia: con series de tiempo, con observaciones consistentes, con campañas repetidas, con datos comparables, con equipos entrenados y con infraestructura desplegada. En especial donde el clima cambia más rápido que en otras regiones del mundo y donde los ecosistemas son más sensibles: la Antártica y el sistema subantártico.
Por eso, cuando se interrumpe el financiamiento de los Centros de Investigación en Áreas Prioritarias (FONDAP) vinculados a ciencias marinas y en particular los que sostienen ciencia antártica y subantártica, no estamos frente a un problema “de una universidad” o “de un equipo”. Estamos frente a un riesgo país: el riesgo de perder continuidad en capacidades que el propio Estado tardó una década en construir.
La discusión, además, ocurre en un contexto delicado. El nuevo instrumento de Centros de Interés Nacional que de alguna forma reemplaza a FONDAP y que moviliza montos muy significativos para el sistema, ha sido fuertemente cuestionado últimamente. No solo por que el concurso no previó el exceso de centralismo con salvaguardas efectivas, o hizo concursar centros nuevos y consolidados en iguales condiciones, sino porque como se ha mostrado en los análisis publicados por CR2 recientemente, hay aun cuestionables brechas metodológicas en la asignación de puntajes que perjudicaron importantes centros con temáticas de alta relevancia nacional. No es un problema con los adjudicados, que por supuesto tienen merito, es un problema de criterio y presupuesto.
En ciencias marinas, la continuidad no es un lujo: es el método. No se entiende la acidificación, los cambios en la biodiversidad, la variabilidad de la productividad, la dinámica de fiordos y canales, ni la respuesta biológica al calentamiento con fotografías aisladas. En un escenario donde tenemos manejar nuestros impactos sustentablemente, no podemos perder la base de conocimiento para hacerlo correctamente. Esto solo se logra con monitoreo, repetición, calibración, y acumulación de experiencia. Y eso no se compra de un año a otro.
El caso del Centro IDEAL es ilustrativo de lo que realmente significa un Centro de Interés Nacional cuando funciona como debe: articulador de capacidades, formador de capital humano, generador de datos y puente hacia políticas públicas. IDEAL nació a partir de una postulación 2014 a FONDAP, enfocada explícitamente en ciencia antártica, subantártica y patagónica, con un objetivo ambicioso y multi territorial. Chile en este periodo ha dado un salto significativo en el posicionamiento y reconocimiento internacional en ciencia Antártica, entre otras razones por el aporte incuestionable del Centro Ideal.
Esa historia no es “romántica”; es estratégica. Y se alineó con alertas crecientes sobre cambio climático y con la urgencia de respuestas estatales, integrando la dimensión humana como sello. En términos verificables, el Centro IDEAL durante una década desarrolló ciencia de impacto global, formó una nueva generación de científicos y contribuyó a políticas públicas, todo ello con apoyo y financiamiento ANID.
IDEAL desarrolló, por ejemplo, la instalación y mantención de boyas oceanográficas con sensores y trampas de sedimento en el canal Beagle, fiordo Yendegaia y bahía Sur en la península Antártica; estaciones meteorológicas en el Estrecho de Magallanes y canal Beagle; y la incorporación, desde 2022, de un sistema Ferry-Box con sensores (temperatura, salinidad, clorofila e hidrocarburos, entre otros) operando en el ferry Yaghan entre Punta Arenas y Puerto Williams, permitiendo mediciones permanentes “in situ” por primera vez en la zona y en escalas sin precedentes para la región.
En Antártica, la continuidad adquiere otra dimensión. IDEAL registra participación ininterrumpida desde 2016 en la Expedición Científica Antártica (ECA), llegando a representar el contingente más numeroso (153 personas) y aportando incluso a hitos como la primera campaña de invierno en Isla Rey Jorge en 2023.
Cuando un centro así pierde continuidad, ¿qué se pierde realmente?
Se pierde capacidad de anticipación y adaptación al cambio climático. Se pierde trazabilidad de datos. Se pierde retención de posdoctorandos que no pueden vivir de “incertidumbre”. Se pierde experiencia acumulada en operar instrumentos en ambientes extremos. Se pierde cooperación internacional porque las redes también requieren estabilidad para planificar campañas, cofinanciamientos, cruceros y publicaciones. Y, sobre todo, se pierde la posibilidad de sostener políticas públicas coherentes, porque se debilita la base de evidencia.
No se trata de pedir privilegios. Se trata de reconocer una realidad técnica: la ciencia antártica y subantártica no admite discontinuidad sin costos. Si el Estado decide “reiniciar” capacidades cada cierto tiempo, entonces no está financiando centros; está financiando proyectos fragmentados. Y eso es exactamente lo contrario de lo que Chile dice necesitar cuando habla de resiliencia climática, seguridad alimentaria, salud de los océanos, protección de biodiversidad o proyección geopolítica antártica.
Por eso, una salida responsable, que sería compatible con el interés público, es evaluar mecanismos de continuidad para centros de impacto global en ciencias marinas, especialmente aquellos que cumplen roles de plataforma (datos, logística, formación, interfaz ciencia-política). Esto puede tomar distintas formas: ampliación de adjudicaciones, transiciones puente, o instrumentos de continuidad por desempeño verificable. Lo que no parece razonable es aceptar, como “daño colateral”, que se desarme lo que costó diez años construir.
Chile no puede darse el lujo de improvisar en el mar austral. La Antártica y la región Subantártica son parte del corazón climático del planeta y, para nuestro país, un eje estratégico de soberanía científica y de política pública basada en evidencia. Si de verdad creemos en eso, entonces la continuidad de los Centros de Interés Nacional marinos no es un favor: es una decisión de Estado.
Dr. Miguel Pardo, Vicerrector de Investigación, Desarrollo y Creación Artística.
Centro IDEAL
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