Con más de 20 años de estudios relacionados al estudio del sueño, la Dra. Claudia Torres-Farfán, especialista en cronobiología de la Facultad de Medicina de la Universidad Austral de Chile nos comenta, cómo debemos prepararnos respecto al cambio de hora que se efectuará el sábado 4 de abril a medianoche.
Horario donde la mayoría de los chilenos debemos atrasar una hora el reloj y de esta manera se pasará de forma oficial al horario de invierno. Las excepciones se realizarán en las regiones de Aysén y Magallanes que no tendrán cambio de horario, por otra parte, en la Isla de Pascua e Isla Salas y Gómez, Chile Insular, los relojes deberán modificarse a las 22:00 horas.
En relación con el cambio de hora, la Dra. Torres-Farfán explica que, aunque se trata de una modificación aparentemente menor, sus efectos sobre el organismo son reales.
«El cuerpo no cambia la hora de un día a otro. Este tipo de ajustes genera una desincronización entre nuestro reloj biológico y el entorno, lo que se conoce como un ‘jet lag social’. La evidencia científica ha mostrado que, especialmente tras el cambio de hora en primavera, cuando se pierde una hora de sueño, se observa un aumento en accidentes de tránsito y en eventos cardiovasculares en personas más vulnerables. Esto se debe a que el sistema cardiovascular es particularmente sensible a estos cambios, porque responde tanto al sueño como a la regulación hormonal”, sostuvo.
Al consultar, si todas las personas se ven afectadas por igual. La académica de la UACh afirma que la mayoría de las personas logra adaptarse con el paso de los días, aunque sí existen grupos más vulnerables como los niños y adolescentes, adultos mayores junto a personas con enfermedades crónicas o trastornos del sueño. “Los extremos de la vida y quienes ya presentan condiciones de salud más frágiles tienden a resentir más estos cambios”, agregó.
La especialista también destaca que el impacto del cambio de hora no es igual en todo el país. “Chile tiene una gran extensión latitudinal, por lo que la cantidad de luz natural varía considerablemente entre el norte y el sur. En las zonas australes, donde hay menor luz en invierno, el desajuste entre el horario social y el ciclo natural de luz puede ser mayor”.
Consejos
Para facilitar la adaptación, la Dra. Torres-Farfán recomienda ajustar gradualmente el horario de sueño en los días previos, exponerse a luz natural en la mañana, mantener rutinas regulares de alimentación y descanso y evitar pantallas en la noche. “La luz en la mañana y la rutina son las herramientas más efectivas para reprogramar el reloj biológico”, dijo.
Finalmente, la académica subraya la necesidad de avanzar hacia una mayor conciencia sobre la importancia del sueño en la salud pública. “Nuestros ritmos biológicos, como el ciclo vigilia/sueño (alternancia natural entre dormir y estar activo que ocurre cada 24-h), son parte de nuestra evolución y no son fácilmente ajustables en condiciones adversas. Cuando se desalinean del entorno, el organismo intenta reajustarse, pero ese proceso no siempre es completo, especialmente si estos cambios se repiten en el tiempo, lo que puede contribuir al desarrollo de distintas enfermedades”, concluye.
El sueño
Respecto a la importancia del sueño, la Dra. Torres-Farfán sostiene que es una herramienta donde se reparan las células. «Al dormir nos deshacemos de todo eso que nos produjo inflamación y estrés, por ejemplo. Entonces, bajamos las revoluciones y nuestras células empiezan de nuevo. Es una necesidad biológica, así como comer», afirmó.
«La evidencia científica muestra que la falta de un descanso adecuado está directamente vinculada al desarrollo de enfermedades metabólicas como la diabetes, obesidad y trastornos cardiovasculares. Por ello, respetar los ciclos de sueño no es opcional, sino una condición básica para el bienestar integral de las personas”, detalla.
Nuevos hábitos
“Hoy enfrentamos un escenario complejo, donde la exposición a pantallas y la vida nocturna han modificado profundamente nuestros ritmos biológicos. La luz artificial en horarios de oscuridad suprime la producción de melatonina, afectando procesos clave como el crecimiento en niños y la regulación metabólica en adultos. Esto exige no solo cambios individuales, sino también una toma de conciencia colectiva que permita avanzar hacia una cultura circadiana, donde el descanso sea valorado como un pilar fundamental de la salud pública”, agregó la académica.
