“Pienso que son declaraciones que merecen un análisis cuidadoso, toda vez que se basan principalmente en la reacción de un sector pesquero que está descontento por el conflicto con la fauna silvestre, particularmente con los lobos marinos”, explicó el Dr. Hernández, quien agregó que, sin lugar a dudas se requiere de mayor evidencia científica para evaluar la magnitud efectiva de este problema.
Una especie protegida y clave para el ecosistema
El lobo marino común se encuentra actualmente protegido por la legislación chilena y está clasificado como una especie de preocupación menor. La veda que restringe su caza y captura se mantiene desde la década de 1990 y ha contribuido a la recuperación de sus poblaciones a nivel nacional.
Para el Dr. Hernández, cualquier modificación de esta protección debe considerar el rol ecológico de la especie. El lobo marino es un depredador tope y generalista, por lo que cumple una función relevante dentro de las redes tróficas marinas.
“Si elimináramos los lobos marinos de los ecosistemas, podríamos generar un efecto en cascada dentro de las redes tróficas”, explicó. Al alimentarse de distintas especies de peces e invertebrados, su presencia contribuye a regular las poblaciones de otros organismos, fomentando así el equilibrio de los ecosistemas marinos.
En este sentido, el académico destacó que los depredadores tope también pueden entregar información sobre el estado de los ecosistemas. La presencia de individuos en buenas condiciones y con poblaciones saludables puede ser un indicador de que los distintos componentes que conforman la red trófica se encuentran funcionando adecuadamente.
La interacción entre humanos y lobos marinos
Otro aspecto abordado por el Dr. Hernández es la estrecha interacción que existe entre los lobos marinos y las actividades humanas, particularmente en lugares como Valdivia, donde estos animales se han establecido en sectores urbanos y cercanos al Mercado Fluvial.
Según explicó, la disponibilidad constante de alimento proveniente de la actividad pesquera favorecería la permanencia de estos animales en determinados lugares. “La mesa está servida”, señaló para describir cómo los restos de pescado descartados pueden convertirse en una fuente de alimento accesible para los lobos marinos, reduciendo el esfuerzo que necesitan para obtenerlo en el medio natural.

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Por esto, el académico plantea que el conflicto entre fauna silvestre y actividad humana debe abordarse considerando también las condiciones que favorecen estas interacciones.
Finalmente, el Dr. Hernández enfatizó que una eventual decisión sobre el futuro de la veda debe considerar no sólo sus consecuencias económicas, sino también sus dimensiones socio-ecológicas, incorporando evidencia científica y una mirada integral sobre el funcionamiento de los ecosistemas marinos y la relación entre las comunidades humanas y la fauna silvestre.