El cuidado de enfermería se fundamenta en la satisfacción de necesidades humanas, sustentado en el respeto a la dignidad y reconocimiento de las personas como sujetos de derecho. El cuidado no puede concebirse al margen del contexto sociocultural, territorial, de género, etario, familiar y sistémico que configura la experiencia sanitaria.
En el marco del Día Internacional de la Enfermería, además de relevar el origen y contribuciones históricas de la profesión al sistema de salud, es una oportunidad para reflexionar críticamente sobre la práctica cotidiana del cuidado, poniendo énfasis no sólo en el qué hacemos, sino especialmente en el cómo lo hacemos y para quién.
La transformación acelerada de la sociedad, marcada por la globalización, tecnificación y despersonalización, interpela al profesional de enfermería. En este escenario, es imprescindible retomar el foco hacia el ser humano como un sujeto activo, complejo y multidimensional. Desde esta perspectiva, el Cuidado de Enfermería con Enfoque Inclusivo emerge como una exigencia ética, sanitaria y profesional, orientada a garantizar calidad del cuidado.
La inclusión sanitaria es un proceso sostenido que sitúa a la persona como protagonista de su experiencia de cuidado, para lo cual la enfermería postmoderna acuña el sentido de justicia como imperativo ético, entendiendo que cuidar a todas las personas de la misma manera no asegura un trato justo puesto que sería igualitario no inclusivo.
Aunque se evidencian avances, persisten barreras estructurales, administrativas, culturales, sociales y emocionales que dificultan la implementación intencionada del cuidado inclusivo. Así, las barreras conceptuales entre igualdad y equidad, como entre integración e inclusión pueden desdibujar el cuidado justo. La equidad implica diversificar el cuidado según las necesidades valoradas, humanizando la relación de ayuda y promoviendo espacios respetuosos y compasivos, alejándose de acciones asistencialistas o voluntaristas.
En este contexto, la competencia comunicativa del profesional de enfermería adquiere un rol central. El uso de lenguaje accesible, el respeto al nombre social y la incorporación de apoyos comunicativos pertinentes impactan en la calidad del cuidado, la adherencia terapéutica y la construcción de relaciones basadas en la confianza.
Asimismo, el empoderamiento de los usuarios constituye un eje clave del enfoque inclusivo, promoviendo su participación activa en las decisiones sobre su salud. Este principio se alinea con el lema del Consejo Internacional de Enfermería 2026: “Nuestras enfermeras, nuestro futuro: enfermeras empoderadas que salvan vidas”.
Finalmente, el marco normativo chileno y el Código de Ética del Colegio de Enfermeras de Chile respaldan este enfoque desde los derechos humanos y la no discriminación. Formar profesionales con esta mirada resulta esencial para responder a una sociedad diversa y en constante transformación. Celebrando la enfermería asumimos un compromiso colectivo de transformar el cuidado hacia prácticas más justas, humanas e inclusivas, para la salud y dignidad de las personas.