Aunque el virus Hanta ha estado históricamente presente en países del Cono Sur, recientes eventos internacionales han vuelto a posicionarlo en el centro de la discusión sanitaria global. Uno de los casos más mediáticos ocurrió a inicios de abril, cuando se identificaron contagios asociados al crucero de expedición MV Hondius, embarcación que recorrió distintos sectores de la Patagonia chilena y argentina.
Esta situación despertó nuevamente el interés científico y epidemiológico sobre este virus, especialmente por la presencia de la denominada cepa Andes, endémica del sur de Chile y Argentina y considerada única en el mundo por su capacidad de transmitirse entre personas mediante contacto estrecho, principalmente a través de saliva y secreciones respiratorias.
Pero, ¿qué hace tan relevante al virus Hanta?
Además de la gravedad que puede alcanzar la enfermedad, uno de los principales desafíos radica en su periodo de incubación, que puede extenderse entre 7 y 45 días. Esto dificulta detectar tempranamente los contagios y aumenta el riesgo de exposición en quienes han tenido contacto cercano con personas infectadas.

El virus Hanta pertenece a las enfermedades de tipo zoonóticas, es decir, enfermedades que se transmiten naturalmente desde animales vertebrados hacia seres humanos. Estas infecciones forman parte de la interacción biológica entre especies y pueden ser causadas por distintos agentes patógenos como virus, bacterias, parásitos e incluso priones.
En el caso del virus Hanta, los principales reservorios son roedores silvestres, en el caso de la cepa Andes es el ratón de cola larga (Oligoryzomys longicaudatus) capaces de portar el virus sin desarrollar enfermedad grave, pero transmitiéndolo a las personas a través de secreciones contaminadas presentes en ambientes rurales o naturales.

Actualmente, expertos advierten que las zoonosis han dejado de ser eventos aislados para transformarse en un desafío sanitario cada vez más frecuente. Factores como la fragmentación de hábitats, el cambio climático y las alteraciones en los ecosistemas favorecen una mayor interacción entre humanos y fauna silvestre. En el sur de Chile, por ejemplo, fenómenos como la floración de la Quila (Chusquea quila) generan explosiones demográficas de roedores, aumentando el riesgo de exposición al virus.
“Factores como el fenómeno del niño, cuando hay eventos de mucha lluvia acumulada pueden incrementar el riesgo de transmisión hacia las personas y eso refuerza la necesidad de estar atentos a los cambios medioambientales que puedan ocurrir para evitar el contagio a las personas”. – Dr. Gerardo Acosta, Académico FCV, Instituto de Medicina Preventiva.
Además del virus Hanta, existen otras zoonosis de relevancia mundial como la influenza aviar, Ébola, Virus Nipah, MERS-CoV, Marburg, entre otros. El principal riesgo de estas enfermedades radica en su potencial de adaptación y transmisión entre humanos, lo que podría derivar en brotes de gran escala o incluso pandemias, como lo fue la de COVID-19.
“La probabilidad pandémica es muy baja porque es de alta letalidad este virus. Muchos casos no son sub-clínicos como lo que fue el SARS-CoV-2 así que probablemente va a ser detenida esta transmisión persona a persona que está ocurriendo con los pasajeros del crucero“. – Dr. Gerardo Acosta, Académico FCV, Instituto de Medicina Preventiva.
Frente a este escenario, la prevención y vigilancia epidemiológica requieren un enfoque integral de One Health, que reconoce la estrecha conexión entre la salud humana, animal y ambiental. La colaboración entre disciplinas científicas, autoridades sanitarias y comunidades resulta clave para anticipar y enfrentar futuras amenazas infecciosas.