La Universidad Austral de Chile desarrolló el programa formativo «Buen trato y resolución de conflictos en contextos laborales y de aprendizaje del internado en Medicina Comunitaria». Una iniciativa orientada a fortalecer en las y los estudiantes las competencias necesarias para reconocer, abordar y resolver conflictos en sus espacios de práctica, desde una perspectiva fundada en el buen trato, la responsabilidad profesional y el sentido de comunidad.
Según explicó Karina Miranda Cerón, abogada y profesional de la Unidad de Género UACh, “la actividad, estructurada en dos sesiones de trabajo, partió de una premisa central: el conflicto es una dimensión inherente a la vida laboral y formativa, y no debe confundirse con la violencia. Bajo ese enfoque, el programa buscó que el estudiantado dejara de concebir el conflicto como un fracaso relacional y aprendiera, en cambio, a leerlo tempranamente, abordarlo con herramientas adecuadas y contener su escalada, distinguiendo con claridad cuándo una situación puede gestionarse mediante el diálogo y cuándo corresponde activar las rutas institucionales frente a casos de acoso, violencia o discriminación”.
El taller se realizó en la Escuela de Graduados de la Facultad de Medicina UACh en Valdivia y el programa se organizó en torno a tres ejes complementarios. Un eje normativo, que abordó los límites, responsabilidades y rutas institucionales de la Universidad, cuyo procedimiento de gestión temprana de conflictos privilegia la mediación en etapas iniciales bajo criterios de confidencialidad, objetividad e imparcialidad, excluyendo expresamente los casos que constituyen acoso, violencia o discriminación. Un eje social, centrado en las emociones, la comunicación, el poder y los estilos personales de afrontamiento del conflicto. Y un eje comunitario, que comprendió el buen trato no como una simple norma de cortesía, sino como una práctica ética y relacional situada en los equipos, territorios y vínculos propios de la medicina comunitaria.
Con una metodología expositivo-participativa, las sesiones combinaron exposición conceptual, análisis de casos y ejercicios prácticos de comunicación no violenta, escucha empática y formulación de peticiones claras. “De este modo, las y los internos trabajaron sobre situaciones frecuentes en los escenarios de práctica —tensiones entre pares, con tutores y entre distintos niveles jerárquicos— y construyeron rutas de actuación que van desde la conversación directa y la gestión temprana hasta la derivación institucional formal”, sostuvo la abogada Karina Miranda Cerón.
El médico de salud comunitaria, Diego Quilodrán Ceballos, manifestó: «Primero que todo agradezco a la Unidad de Género y sobre todo a Karina y a sus compañeras por la actividad que tuvimos. Desde la beca de Medicina Familiar Comunitaria siempre buscamos instancias constructivas para nuestros residentes más allá de la educación netamente médico-científica, porque nuestra labor principal es el vínculo humano, con los equipos, con los pacientes, con las comunidades, etc. Y en ese contexto los conflictos son una parte normal que es necesario manejar de buena forma”. A su juicio, la actividad fue una gran forma de comenzar a abordar el tema y aprender herramientas útiles.
Igualmente destacó “que la jornada haya contado con espacios prácticos de diálogo y simulación de situaciones porque es la mejor forma en que se interioriza la información aprendida teóricamente. Espero que otras carreras y especialidades médicas de la universidad consideren la iniciativa y puedan acceder a instancias similares para formar a sus alumnos desde una mirada más integral».
La iniciativa se enmarcó en el perfil relacional y territorial de la especialidad, que exige trabajo interdisciplinario, vínculo con instituciones y comunidades, y capacidad para sostener relaciones complejas sin perder el horizonte ético. Reafirmando el compromiso de la Universidad con una formación profesional que cuida los vínculos y previene situaciones de vulneración.

