Gran interés despertó la exhibición y conversatorio en torno al documental “Filosofía de la Economía Ecológica”. La jornada contó con la participación de Eduardo Chávez, director del documental y alumni del Magíster en Desarrollo a Escala Humana y Economía Ecológica UACh; Montserrat Lara, bióloga y magíster en Medio Ambiente; y el Dr. Gerardo Rivera, académico del Instituto de Neurociencias Clínicas de la Facultad de Medicina UACh, quien aportó desde su experiencia en salud mental y psicoterapias contemplativas a este valioso diálogo interdisciplinario.
Abrir un espacio de reflexión en torno a la relación entre economía ecológica, naturaleza y desarrollo humano, fue el principal objetivo de la actividad que se realizó la tarde del jueves 07 de mayo en la Casa del Desarrollo a Escala Humana, ubicada en el Campus Isla Teja de la Universidad Austral de Chile en Valdivia. En la oportunidad se dirigió a quienes estaban presentes el Director Ejecutivo Fundación Manfred Max-Neef, Boris Silva.

Monteserrat Lara, Eduardo Chávez y Dr. Gerardo Rivera.
El director del documental Eduardo Chávez explicó que “la idea surgió mientras estudiaba el Magíster en Desarrollo a Escala Humana y Economía Ecológica de la UACh. Ahí tuve la oportunidad de estudiar el texto del profesor Manfred Max-Neef, que da origen al título del documental. Al estar viviendo en Valdivia, que está inmerso en ríos, bosques, humedales y una enorme riqueza en biodiversidad, sentía que podía entender cómo este entorno había influido en el pensamiento de Max-Neef. Entonces, quise situar su reflexión en medio de la contemplación de esta exuberancia natural”.
Añadió que “el documental se pregunta ¿qué es la vida? y ¿por qué existimos? Presenta entonces algunas visiones al respecto: desde el punto de vista matemático, biológico, físico y filosófico. La intención es que podamos reconocer que los humanos somos la propia naturaleza, y que, por lo tanto, cualquier cosa que hagamos ‘fuera’ en verdad la hacemos a nosotros mismos. Y, a partir de esta reflexión, busca entender cuál debería ser el papel de la economía en todo esto”.
“No estamos separados”
El académico de la Facultad de Medicina UACh, Dr. Gerardo Rivera, planteó que “vivir bien hoy significa ser consciente de que no estamos separados, atrapados en una piel desconectada del resto de la vida, que somos naturaleza y que estamos interconectados con ella y todos los seres, que vivir bien es ser consciente de que somos la vida misma que se está expresando y que somos el lugar donde el universo se encuentra, somos un punto de intersección de todo lo que nos rodea, la luz, del aire, de nuestros ancestros, de nuestros amores, nuestros desamores, nuestras amistades, maestros, maestras y desde ahí mirar con perspectiva nuestras necesidades de afecto, protección, cooperación y ahí se genera amor y motivación por el cuidado y aprecio por ti mismo y todo lo que te rodea, y eso te incluye”.
¿Qué nos propone la economía ecológica para la salud mental? “Desde mi perspectiva, el sufrimiento humano y la avidez con la que consumimos el mundo —poniéndonos en peligro a nosotros mismos y a todos los seres— tienen una raíz profunda que tanto las neurociencias como las ciencias contemplativas confirman: cuando miramos hacia adentro, no encontramos una entidad sólida o inmutable, sino espacio y apertura. Aquí comienza el drama humano. Al no hallar un ‘suelo sólido’ interno, sentimos pánico e interpretamos ese espacio abierto como un defecto o una falta de realidad. Para intentar sentirnos ‘reales’ y suficientes, construimos proyectos de carencia y buscamos solidificar un ‘yo’ a través del consumo y de objetos externos. Intentamos llenar ese vacío existencial con cosas, pero lo más doloroso es que este drama interno tiene consecuencias globales: la crisis ecológica es, en última instancia, la proyección colectiva de este vacío”.
Desde su perspectiva, “vivir bien hoy implica reconocer esta apertura no como un defecto, sino como nuestra naturaleza, y la economía ecológica nos propone transitar desde la búsqueda de satisfacción en lo externo hacia una salud mental basada en la comprensión de nuestra interdependencia, y ser consciente que el cuidar una planta, un árbol, un bosque o humedal es también cuidarte a ti mismo, así como también la relación de reconocer a los demás como legítimos otros, que también son parte de la naturaleza, es donde dejamos de proyectar nuestras carencias en la explotación del planeta o desligitimando a los demás por no pensar como yo”.
“Cuando meditas o caminas en el Botánico sin celular 10 minutos, la amígdala cerebral se calma, mi sistema nervioso se calma y se conecta, ves que el vacío no mata, y desde ahí algo puede florecer o emerger, desde tus valores y motivaciones, donde puedo ser refugio para alguien, cuando ves que no eres un ser independiente separado, se cae la avidez, floreces y emerges, tu cerebro no ve el mundo, tu cerebro crea el mundo contigo, no estás separado”, finalizó.
Parte de los ecosistemas
Por su parte la bióloga Montserrat Lara comentó que “las personas son parte de los ecosistemas, y por lo tanto los impactos del sistema económico actual deberíamos mirarlos como impactos al sistema terrestre -nuestro hogar- en su conjunto, formado por las relaciones complejas que existen entre los sistemas geofísicos, químicos, ecosistemas, sistemas sociales y las personas (solo por mencionar algunos)”.
Señaló que “el impacto más dramático es el cambio climático, que tiene efectos en múltiples niveles y escalas, que redundan en una disminución del bienestar de las personas y en una peor calidad de vida, como por ejemplo efectos en la salud (e incluso la muerte) por exposición a olas de calor, inseguridad alimentaria por sequías extremas, o pérdida de viviendas y bienes por inundaciones”.


Montserrat Lara mencionó que “muchas de las actividades económicas se basan en la extracción de la naturaleza (entendida como ‘recursos naturales’ por el modelo económico imperante), que al desarrollarse sin criterios ecológicos ni ambientales, generan impactos sobre procesos y funciones del sistema terrestre fundamentales para la vida, como por ejemplo la provisión de agua de buena calidad, la regulación de inundaciones, y la polinización”.
Por otra parte, dijo, “el sistema económico actual se basa en el consumo masivo de bienes (o males) de consumo, como una forma de satisfacer el vacío emocional, relacional y existencial que muchas personas experimentan. Esto tiene un impacto enorme en las personas y comunidades, ya que estos ‘males de consumo’ operan como satisfactores sin atender las necesidades más profundas del ser humano como el afecto, la participación o la identidad, generando un círculo vicioso donde cada vez es necesario consumir más y por lo tanto generar un impacto mayor sobre la naturaleza de la cual somos parte”.