Este año, mientras en la Universidad Austral de Chile nos preparábamos para conmemorar el aniversario número 71, conocimos del fallecimiento de nuestro segundo rector, el Dr. Félix Martínez Bonati (1929–2025). Para muchos, su nombre remite a hitos institucionales decisivos, como la conquista de la autonomía universitaria y la fundación de la ciudad universitaria. Sin embargo, detenernos solo en esa dimensión sería insuficiente: hablamos de una de las voces más lúcidas de su generación, capaz de compartir escena con figuras como Jorge Millas y Luis Oyarzún sin quedar a su sombra.
Martínez Bonati fue un humanista integral. Como rector, entendió que una universidad no se mide únicamente por su infraestructura o matrícula, sino por la densidad intelectual y cultural que logra producir e irradiar hacia la sociedad. Esa visión fue coherente con un legado intelectual vasto, que abarcó desde Cervantes hasta Schiller y que supo aunar crítica literaria, filosofía y teoría en su forma más amplia. Su libro más célebre, La estructura de la obra literaria (1960), abrió un campo renovador en los estudios literarios en Chile y América Latina. Allí propuso comprender la literatura como un “mundo posible”, donde texto, lector e historia dialogan en una experiencia que nos permite imaginar y pensar el mundo de otra manera.
En 1965, durante el décimo aniversario de la UACh, Martínez Bonati pronunció una frase que hoy adquiere renovada vigencia: “La Universidad es el lugar social de la verdad. Su función es encontrar y decir la verdad”. En tiempos de incertidumbre y ruido, sus palabras nos recuerdan que las instituciones educativas no deben rendirse al pragmatismo ni a la banalidad, sino sostenerse en la búsqueda honesta y rigurosa de lo verdadero.
Al despedirlo, no evocamos solo al ex rector, sino al intelectual que supo ver en la universidad algo más que aulas y títulos: un espacio público de libertad, diálogo y pensamiento crítico. Ese es, quizá, su legado más perdurable.
