El uso de este tipo de lenguaje es reflejo de una sociedad que toma la decisión de reconocer, visibilizar y respetar la identidad de todas personas, porque tal como lo indica el Ministerio de Educación en su documento llamado “Orientaciones para un uso de lenguaje no sexista e inclusivo”, la desigualdad también se manifiesta en el uso del lenguaje. De esta manera se convoca a hablar, por ejemplo, del “estudiantado” en vez de “los estudiantes”, de “todas las personas son iguales ante la ley” en vez de “todos los hombres son iguales ante la ley” o de “profesores y profesoras” en vez de “profesores”.
El Ministerio de Justicia y Derechos Humanos creo el “Manual de Lenguaje Inclusivo y no Sexista”, destacando que el lenguaje expresa reglas y patrones culturales de la sociedad en que vivimos, proponiendo recomendaciones prácticas para evitar estereotipos sexistas del lenguaje androcéntrico y universal masculino.
El Ministerio de Relaciones Exteriores crea un Manual de similares características, subrayando el uso consciente del lenguaje como herramienta transformadora en un escenario que lo que se busca es la igualdad de género y respeto a la diversidad. En paralelo, el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio cuenta con una “Guía de lenguaje inclusivo de género” diseñada como punto de partida para la elaboración de material oficial y evitar con ello expresiones racistas, etnocéntricas, xenofóbicas y clasistas.
La UACh en tanto, así como creó la “Política de prevención y sanción del acoso, violencia y discriminación en la Comunidad Universitaria” (2015), la “Política de Igualdad de Género, Diversidades y Disidencias Sexuales y de Género” (2022) y la “Guía de Comunicación Inclusiva y No Sexista” (2024), hoy declara a través de la Unidad de Género que, frente a la desigualdad de género y la discriminación, no hay posturas neutrales, sino posicionamiento. En la Universidad se trabaja, día a día, para ser siempre un lugar seguro e inclusivo para todas las personas en concordancia con su trayectoria de libertad y pluralismo.
La desinformación e instrumentalización, sobre todo aquella impulsada a través de las redes sociales, es peligrosa pero no inabordable en la medida que consultamos las fuentes de información que son oficiales y que nos damos espacios para preguntarnos ¿qué es lo que tanto nos incomoda, en este caso, del lenguaje inclusivo y no sexista?
