Hablar del Programa de Acompañamiento y Acceso Efectivo a la Educación Superior (PACE) es hablar de oportunidades reales. Es hablar de estudiantes de enseñanza media TP que, por años, vieron la educación superior como una meta lejana, reservada para otros, y que hoy pueden imaginarse a sí mismos ocupando un lugar en una universidad, en un instituto profesional o en un centro de formación técnica, construyendo el futuro que siempre soñaron.
Como director del Colegio Técnico Profesional Honorio Ojeda Valderas, siento un profundo orgullo de que nuestra comunidad educativa forme parte de este programa. El prestigio del PACE no radica únicamente en abrir puertas de acceso a la educación superior; su verdadero valor está en la capacidad de transformar vidas, fortalecer la confianza de los jóvenes y demostrarles que su origen no determina el límite de sus aspiraciones.
Durante los últimos años hemos sido testigos de historias que emocionan. Estudiantes que se han convertido en los primeros integrantes de sus familias en ingresar a la educación superior, madres y padres que han visto materializarse sueños que alguna vez parecieron imposibles, y familias completas que han encontrado nuevas razones para creer en el poder de la educación como herramienta de movilidad social y desarrollo personal.
Nuestro establecimiento atiende a una comunidad con importantes desafíos sociales y económicos. Sin embargo, también está lleno de talento, esfuerzo y resiliencia. En los últimos seis años hemos experimentado una transformación significativa en nuestros resultados académicos, en las expectativas de nuestros estudiantes y en el compromiso de las familias con los procesos educativos. Este cambio no ha ocurrido por casualidad. Ha sido fruto del trabajo constante de docentes, asistentes de la educación, apoderados y, especialmente, de jóvenes que han decidido creer en sus capacidades.
En este camino, el PACE ha sido un aliado fundamental. Ha permitido que nuestros estudiantes no solo visualicen la educación superior como una posibilidad concreta, sino que además cuenten con herramientas, acompañamiento y orientación para alcanzar esa meta. Más importante aún, les ha entregado un mensaje poderoso: que sus sueños son válidos y que merecen una oportunidad para desarrollarlos.
Cuando un estudiante cruza las puertas de una institución de educación superior, no avanza solo. Con él avanzan sus padres, sus hermanos, sus abuelos y toda una comunidad que ve reflejada en ese logro la esperanza de un futuro mejor. Ese es el impacto más profundo del PACE: no transforma únicamente trayectorias académicas; transforma historias de vida.
Por ello, valorar y fortalecer este programa es una tarea que nos compromete a todos. Porque detrás de cada cupo, de cada acompañamiento y de cada orientación, existe una persona que está construyendo un proyecto de vida. Y cuando la educación logra abrir ese camino, los sueños dejan de parecer imposibles para convertirse en metas alcanzables.
Esa es la verdadera fuerza del PACE, hacer que nuestros jóvenes crean en su futuro y brindarles las oportunidades necesarias para hacerlo realidad