Este reconocimiento da cuenta de la calidad formativa y el compromiso territorial del programa, relanzado en 2019, que ha fortalecido su identidad académica en medio de diversos desafíos institucionales y sanitarios.
La directora del programa, Dra. Marcela Traub, destacó que esta acreditación representa un logro colectivo de gran valor para la universidad y la región. “Para nosotras y nosotros es un hito muy importante en un camino de mejora continua. Desde su relanzamiento hemos logrado conformar un equipo multidisciplinario conectado con los procesos institucionales y comprometido con la calidad y pertinencia territorial de la formación”, señaló.
A su vez, la directora de la Escuela de Graduados, Dra. Fabiola Sánchez, resaltó que “este reconocimiento es muy importante ya que es el primer programa de especialidad que se acredita con los nuevos criterios de la comisión, que son criterios bastante estrictos, entonces el haber logrado esta acreditación nos posiciona como una especialidad que está en nivel de excelencia académica en su proceso de formación”.
Desde el 2019 a la fecha, 23 médicas y médicos se han titulado como especialistas en Medicina Familiar Comunitaria, desempeñándose mayoritariamente en la Atención Primaria de la Región de Los Ríos. Otros se encuentran en hospitales y centros de salud de regiones como Araucanía, Aysén, Magallanes y Arica, contribuyendo al fortalecimiento de los equipos locales de salud.
Respecto del sello formativo, la Dra. Traub enfatizó que la formación se basa en una comprensión profunda de los procesos salud-enfermedad y sus determinantes sociales. «La conciencia respecto a la complejidad de los procesos salud enfermedad y su determinación social, es el sello de fondo, desde los enfoques de derechos, sistémico y territorial. A través de ello, activan una mirada respetuosa y atenta con cada paciente, cada familia, cada comunidad. y también una mirada de mejora continua hacia los procesos de atención en los respectivos contextos. Se reconocen como agentes de cambio desde prácticas relacionales, reflexivas y de base comunitaria, entendiendo la Atención Primaria como una estrategia para el desarrollo local y el bienestar”.
En un contexto nacional donde se busca fortalecer la Atención Primaria, la especialidad aporta a mejorar la calidad y continuidad del cuidado. La directora subrayó que la Medicina Familiar Comunitaria no solo resuelve patologías de manera integral y oportuna, sino que también impulsa procesos participativos que fortalecen la empatía, resiliencia y autonomía de personas y comunidades.
El proceso de acreditación involucró importantes aprendizajes. “Nuestro camino estuvo atravesado por contingencias como el estallido social, la pandemia y la crisis institucional de la UACh. Aun así, el equipo académico mantuvo su compromiso con la mejora continua. Destaco la perseverancia, colaboración, humildad, humor, responsabilidad, creatividad y el valor de los afectos”, expresó.
Mirando hacia el futuro, el programa ya se encuentra trabajando en su plan de mejora, proyectando una formación sostenible y articulada con los territorios. “Nos mueve fortalecer la estrategia de Atención Primaria en colaboración con equipos de salud municipal, dirigencias sociales y autoridades. También quisiéramos crecer de manera orgánica hacia los territorios donde se encuentran nuestros especialistas y continuar aportando a la formación de estudiantes de pregrado en la UACh”.