Hoy, 22 de mayo, se conmemoran 65 años del mayor terremoto registrado instrumentalmente. El Megasismo de 1960, con epicentro frente a las costas de Valdivia, alcanzó una magnitud de momento 9,5. Fue un evento de escala planetaria: más de 2.000 personas murieron en nuestro país y cientos, por el tsunami transoceánico cuyas olas superaron los 15 metros en la costa chilena y alcanzaron los 5 metros en Japón.
El sismo también modificó la geografía. En Valdivia, el terreno se hundió hasta 2 metros, creando nuevos humedales y transformado el paisaje. Desencadenó, además, deslizamientos que bloquearon el desagüe del lago Riñihue, lo que dio origen al Riñihuazo: una amenaza secundaria que exigió una respuesta colectiva para evitar una inundación catastrófica.
Treinta y ocho horas después, el volcán Puyehue–Cordón Caulle hizo erupción, confirmando los vínculos entre actividad sísmica y volcánica. Este terremoto no sólo alteró el territorio, también desafió a las ciencias. Confirmó la teoría de la tectónica de placas y forzó el avance a los sistemas modernos de alerta de tsunamis.
Comprender estos procesos geológicos y su relación con los territorios y comunidades, es clave para reducir el riesgo y salvar vidas. Porque el riesgo no es sólo el peligro natural, sino cómo ese peligro se encuentra con las personas y sus modos de vida. Es por esto que Chile, necesita más investigación en geociencias para comprender la naturaleza y más profesionales trabajando en el sector público que sean capaces de leer el lenguaje de la Tierra, anticiparse a los desastres y construir resiliencia. En este desafío la interdisciplina es fundamental.
En este contexto el seminario “Gran Terremoto 1960: Desafíos y aprendizajes para un futuro resiliente”, organizado por la UACh, el SERNAGEOMIN, SENAPRED y la Municipalidad de Valdivia, que efectuamos hoy a las 15:30 horas en el Teatro Lord Cochrane Valdivia, fue un evento donde distintas disciplinas, a través de charlas y espacios interactivos, exhibieron los aprendizajes que dejó el gran terremoto.
