Académicas de la Facultad de Medicina de la Universidad Austral de Chile, vinculadas al estudio del envejecimiento, advierten que el desafío trasciende la fiscalización: implica garantizar derechos, fortalecer una red de cuidados y avanzar hacia una sociedad que valore la vejez con dignidad, humanidad e inclusión.
Mientras Chile celebra sus Fiestas Patrias, la muerte de 16 personas mayores en una residencia de Pitrufquén enluta al país y vuelve a poner en el centro una pregunta profunda: ¿cómo estamos cuidando a quienes envejecen y a quienes, por distintas circunstancias, requieren apoyo permanente?
La tragedia, cuyas circunstancias y responsabilidades deberán ser determinadas por las investigaciones correspondientes, abre además una reflexión que trasciende este caso particular. Chile envejece aceleradamente y con ello crecen también las necesidades de apoyo, acompañamiento y cuidados de larga duración.
Para Daniela Urrutia, académica de la Facultad de Medicina de la Universidad Austral de Chile, lo primero es poner el foco en las personas afectadas. “Lo primero es dirigir nuestros pensamientos, afectos y condolencias hacia todas las familias que se han visto afectadas, donde no sólo existe un lazo familiar, sino también toda una comunidad que ha sentido muy de cerca lo ocurrido”, señala.
A su juicio, situaciones como ésta deben llevar al país a revisar profundamente la respuesta que está entregando a su población mayor.“La institucionalización de nuestra población más vulnerable es un hecho que nos debe hacer reflexionar sobre cuál es la relación que establecemos como sociedad y como Estado, y cómo entregamos una respuesta eficiente y oportuna ante necesidades básicas que deben ser cubiertas con un sentido de urgencia y dignidad”, agrega.

Dra, Carola Rosas.
Una realidad que ya estaba presente
Para la Dra. Carola Rosas, docente e investigadora de la Facultad de Medicina UACh en el área de envejecimiento, la tragedia hizo visible un problema que ya existía.“Como sociedad no podemos esperar que ocurran situaciones tan dolorosas para detenernos a pensar y reflexionar”, sostiene. Para la académica, uno de los debates más importantes tiene que ver con cómo comprendemos el envejecimiento y el cuidado desde cada espacio de la sociedad.
“Cuidar a una persona mayor requiere conocimientos, pero también ética, responsabilidad y humanidad. Y esto es especialmente importante cuando hablamos de residencias y cuidados de larga duración”, explica.
Rosas advierte que la respuesta no puede reducirse únicamente a una mayor fiscalización. Ésta es indispensable, pero no suficiente frente a una realidad familiar y social mucho más compleja.
“¿Qué ocurre con las personas mayores que no pueden ser cuidadas por sus familias? ¿Qué pasa con familias agotadas que deben trabajar, cuidar a sus hijos y al mismo tiempo hacerse cargo de un padre o una madre? Son realidades que muchas veces permanecen dentro de las casas y que necesitamos mirar con mayor honestidad”, plantea.
Más cuidados y una fiscalización permanente

Investigadora Mag.Daniela Urrutia
Ambas académicas coinciden en que el envejecimiento demanda respuestas estructurales y una responsabilidad compartida.
Urrutia sostiene que Chile dispone de un marco jurídico relevante en materia de protección de derechos, pero que resulta fundamental avanzar también en su implementación efectiva, fortaleciendo los procesos de supervisión y fiscalización.
En ese contexto, plantea la necesidad de contar con una mayor oferta pública y comunitaria para responder a las necesidades de las personas mayores.
Los Establecimientos de Larga Estadía para Adultos Mayores (ELEAM) entregan residencia, alimentación y distintas prestaciones, explica, pero la capacidad actual resulta insuficiente frente a una demanda que ya está presente y que seguirá creciendo.
Para la académica, se requiere fortalecer estos dispositivos, revisar permanentemente sus protocolos y orientaciones técnicas y asegurar una supervisión constante de parte de los organismos llamados a resguardar los derechos de las personas mayores. “Todo este ideal va de la mano de un resguardo técnico y regulatorio, que debe ser sometido a procesos de revisión, monitoreo y fiscalización constante”, afirma.
El desafío cultural: cómo miramos la vejez
Pero el problema no es exclusivamente institucional. Existe también una dimensión cultural. Daniela Urrutia advierte que en Chile persisten creencias que relacionan automáticamente el envejecimiento con deterioro, dependencia y pérdida de autonomía, junto con una menor valoración de las personas cuando dejan de desempeñar determinados roles productivos.
Carola Rosas coincide y plantea que es necesario cambiar esa forma de entender esta etapa de la vida.
“Todavía tendemos a mirar la vejez desde la dependencia o la vulnerabilidad, y no siempre desde la dignidad, los derechos y la experiencia de vida de las personas mayores”, señala.
Y agrega una reflexión que interpela al conjunto de la sociedad: “Las personas mayores no nos son ajenas. Todos estamos envejeciendo. Todos podemos necesitar cuidado y todos somos vulnerables en algún momento de la vida. Por ende, tenemos el deber de prepararnos para esto”.
Para Rosas, cuidar mejor comienza mucho antes de llegar a edades avanzadas.“La vida de las personas mayores debemos tomarla en serio. Nos cuesta creer que comenzamos a envejecer desde mucho antes de lo que pensamos y que el camino preparatorio lo construimos a lo largo de toda la vida”, enfatiza.
De una sociedad que cuida a una sociedad cuidadora
La transformación demográfica que experimenta Chile hace que el envejecimiento ya no pueda entenderse como un tema del futuro. Para Urrutia, se trata de una prioridad que exige avanzar hacia comunidades capaces de integrar efectivamente a todas las edades. “El desafío no es hacer comunidades para la persona mayor. El desafío es cómo incluimos a todos en este proyecto de comunidad”, sostiene.
Rosas coincide en que el envejecimiento debe ser considerado uno de los grandes desafíos estructurales del país, pero invita también a entenderlo como una oportunidad. “Estamos viviendo más y la calidad de vida con la que lleguemos a esta etapa importa. Necesitamos comenzar a pensar hoy en la sociedad en la que queremos envejecer”, señala.
Y propone que ese cambio se construya desde una nueva cultura del cuidado. “La oportunidad está precisamente en transformar nuestros valores hacia una sociedad cuidadora, generosa, compasiva, empática y tolerante con quien va más lento y produce de otra forma. Valorar esto es lo que puede transformarnos como sociedad y como país, contribuir a aceptar el envejecimiento y aprender a cuidarnos con humanidad”.
La tragedia ocurrida en Pitrufquén deja dolor y responsabilidades que deberán esclarecerse. Pero también plantea una pregunta que no debiera desaparecer junto con la contingencia noticiosa: qué lugar estamos dando a las personas mayores y qué condiciones estamos construyendo para nuestra propia vejez.