En vísperas de Navidad, cuando la ciudad baja el ritmo y el año comienza a cerrarse, la música tiene la capacidad de decir aquello que a veces cuesta expresar con palabras. Este domingo 21 de diciembre, la Orquesta de Cámara de Valdivia presentó nuevamente su Gran Concierto de Navidad con El Mesías de Georg Friedrich Händel, una obra que, más allá de su valor artístico, se ha transformado en un verdadero punto de encuentro para nuestra comunidad.

Este concierto es para nosotros, un regalo. Un regalo de la Orquesta de Cámara de Valdivia, pero también de la Universidad Austral de Chile, institución que nos vio nacer hace ya 15 años y que continúa albergando y sosteniendo este proyecto cultural. Y eso no sería posible si en conjunto, no entendiéramos la música como un bien público. Ese mismo ímpetu nos llevó el 2024 a presentar este concierto en espacios abiertos y emblemáticos de la ciudad: el año pasado en la Plaza de la República y, este año, entre las plazas Pedro de Valdivia y Chile, recientemente inauguradas. Haber sido parte de ese hito urbano y ciudadano nos llena de orgullo.
Más de tres mil personas asistieron a esta presentación, confirmando algo que como Orquesta hemos ido percibiendo con emoción: este concierto se instala como una tradición valdiviana. Una tradición que convoca, que reúne generaciones distintas y que devuelve a los espacios públicos su sentido más profundo: el de compartir.
Nada de esto sería posible sin un equipo humano comprometido y generoso. Agradezco especialmente al equipo de la OCV, a los artistas invitados (la soprano Francisca Prudencio, el tenor Gonzalo Quinchahual), al Coro Magnificat y a la dirección del maestro Pedro-Pablo Prudencio.
También a la Municipalidad de Valdivia y a la Universidad Austral de Chile, aliados fundamentales para que este concierto se hiciera realidad. Más de 70 músicos en escena dieron vida a una experiencia colectiva que reafirma el poder de la música como un lenguaje común.
Cerramos así un aniversario número 15 marcado por hitos, salas llenas, nuevas audiencias y un alto nivel artístico local e internacional. Vivimos en una ciudad donde se respira música, y nuestro mayor anhelo es que la comunidad sienta a la Orquesta de Cámara de Valdivia como propia, como parte de su patrimonio. Porque la música une, conecta, invita a reflexionar y, especialmente en Navidad, nos recuerda que lo esencial siempre se construye en comunidad.